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Sunday, December 5, 2010

La importancia de los árboles

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Información de:


Ambiental

            Regulación Hidrica

                        El árbol amortigua la lluvia

                                    La copa de un árbol es flexible y está diseñada para atrapar la lluvia, causando que ésta se deslice a través de las hojas, ramas y el tronco hasta llegar al suelo. Al amortiguarse el impacto de la lluvia en el árbol se abate la erosión y se protege al suelo superficial.

             Regulación Térmica

                        El árbol da sombra

                                    La copa de un árbol está diseñada para captar la luz solar y al extenderse sombrea el piso, causando bienestar en un día soleado y protegiendo la fauna, la flora inferior y al hombre y sus bienes, del efecto dañino del impacto directo de los rayos solares.

                        Los bosques regulan el clima

                                    A nivel global los bosques reducen el calentamiento de la atmósfera y regulan el clima de la tierra. En las ciudades, la pérdida de árboles eleva las temperaturas y la evaporación del suelo . La falta de árboles suficientes en varios cuadros de la ciudad permite que las islas de calor sean más severas. Las temperaturas en las calles del centro de la ciudad en primavera y verano pueden ser hasta de 3ºC más en promedio que en las de los parques y alamedas de la ciudad; el equivalente a 200 m de elevación por cada grado centígrado.

                        Los árboles reducen la velocidad del viento

                                    Es cierto que no detienen un huracán, pero su presencia resta velocidad a las tormentas, disipando su fuerza y mejorando el ambiente.

            Reducen la contaminación del aire

                        El árbol filtra los vientos
                                   
Su copa está diseñada para que el aire pase a través de las hojas, filtrando los polvos, cenizas, humos, esporas, polen y demás impurezas que arrastra el viento. Las hojas pubescentes y la corteza rugosa en el tallo atrapa tales impurezas.

                        El árbol secuestra el bióxido de carbono que contamina la atmósfera

                                    A través de la fotosíntesis que realizan las hojas, el árbol atrapa el CO2 de la atmósfera y lo convierte en oxígeno puro, enriqueciendo y limpiando el aire que respiramos. Se estima que una hectárea con árboles sanos y vigorosos produce suficiente oxígeno para 40 habitantes de la ciudad. Un bosque de una hectárea consume en un año todo el CO2 que genera la carburación de un coche en ese mismo período.
En este proceso las hojas también absorben otros contaminantes del aire como el ozono, monóxido de carbono y dióxido de sulfuro, y liberan oxígeno.


            Reducen la Contaminación Sonora

            Los árboles abaten el ruido

                                    El tejido vegetal amortigua el impacto de las ondas sonoras, reduciendo los niveles de ruidos en calles, parques y zonas industriales. Plantados en arreglos especiales alineados o en grupos, las cortinas de árboles abaten el ruido desde 6 a 10 decibeles.

            El árbol genera biodiversidad
                       
Los bosques forman las comunidades más diversas de la tierra, porque éstas proliferan bajo su protección. Muchas especies arbóreas han coevolucionado con insectos y aves polinizadoras, dispersores de frutos y semillas y otros microorganismos del suelo, como la micorriza, con quien vive en simbiosis permanente. Los bosques ofrecen nichos diversos a la fauna mayor y menor, lo cual favorece la creación de nuevas especies animales y vegetales, aumentando la biodiversidad del planeta.
También en las ciudades el arbolado deberá ser autóctono o nativo para poder generar la mayor biodiversidad.

                                     
Social

            El árbol urbano ahorra energía eléctrica

                        Los árboles bien ubicados alrededor de la casa filtran el aire cálido y lo refrescan al cruzar su copa, sombrean paredes, patios, techos y ventanas, bajando los costos del aire acondicionado.

            El árbol urbano y la comunidad

                        Los beneficios económicos indirectos de los árboles son aún mayores. Estos están disponibles para las comunidades o regiones. Los clientes pagan recibos de electricidad más baratos cuando las compañías del servicio construyen menos instalaciones para abastecer los picos de consumo, utilizan menos cantidad de combustibles fósiles en sus hornos y necesitan menos medidas de control de contaminación aérea. Las comunidades también pueden ahorrar si se precisa construir en la región menos instalaciones para controlar las escorrentías de las tormentas. Para un individuo estos ahorros son pequeños, pero para la comunidad la reducción de dichos gastos supone mucho dinero.
Los árboles brindan sensación de bienestar, embellecen el paisaje urbano y constituyen un valor de patrimonio para el municipio.



 Donde hay árboles hay vida


Temas relacionados:

El amor por los árboles

El amor por los árboles (2º parte)


"THE GIVING TREE", "EL ÁRBOL QUE DA" o "EL ÁRBOL GENEROSO"

Tuesday, February 16, 2010

El amor por los árboles (2º parte)

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Quiero compartir con vosotros unas frases de “Intramuros (El río)” del libro de Mario Benedetti “Primavera con una esquina rota”. Espero que os podáis sentir , como yo, reflejados en la experiencia tan intensa de unión  con la Naturaleza, rodeados de árboles,
... la sensación de formar parte del milagro de la Vida.



No importa el orden de las fechas. Importa el orden que pongo a mis evocaciones. Por eso empecé diciéndote que hoy vengo del río. Y es un recuerdo en que vos no estás. El Río Negro, cerca de Mercedes. Cuando tenía doce o trece años, iba en el verano a pasar mis vacaciones en casa de los tíos. La propiedad no era demasiado grande (en realidad, una chacrita), pero llegaba hasta el río. Y como entre la casa y el río había muchos y frondosos árboles, cuando me quedaba en la orilla nadie me veía desde la casa. Y aquella soledad me gustaba. Fue de las pocas veces que escuché, vi, olí, palpé y gusté la naturaleza.




Los pájaros se acercaban y no se espantaban de mi presencia. Tal vez me confundieran con un arbolito o un matorral. Por lo general el viento era suave y quizá por eso los grándes árboles no discutían, sino simplemente intercambiaban comentarios, cabeceaban con buen humor, me hacían señales de complicidad. A veces me apoyaba en alguno de los más viejos y la corteza rugosa me transmitía una comprensión casi paternal. Repasar la corteza de un árbol experimentado es como acariciar la crin de un caballo que uno monta a diario. Se establece una comunicación muy sobria pero lo bastante intensa como para que después uno la eche de menos cuando vuelve al trajín de la ciudad.




 En otras ocasiones subía al bote y remaba hasta el centro del río. La equidistancia de las dos orillas era particularmente  estimulante. Sobre todo porque eran distintas y polemizaban. No tanto los pájaros, que las compartían, sino más bien los árboles, que se sentían locales  y un poco sectarios, cada uno en lo suyo, o sea, en su ribera. Yo no hacía nada. Simplemente observaba. No leía ni jugaba. La vida pasaba sobre mí, de orilla a orilla. Y yo me sentía parte de esa vida y llegaba a la extraña conclusión de que no debía ser aburrido ser pino o sauce o eucaliptus. Pero como aprendí varios años más tarde, las equidistancias nunca duran mucho, y tenía que decidirme por una orilla u otra orilla. Y estaba claro que yo pertenecía sólo a una de ellas. Ya ves como era cierto lo que te dije al comienzo: vengo del río.

Intramuros (El río)
de “Primavera con una esquina rota” Mario Benedetti 

Monday, February 15, 2010

El amor por los árboles

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En el discurso  de aceptación del Premio Nobel 1998, José Saramago , recordó el amor que su abuelo sentía por los árboles, con estas bellas palabras:

“Mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias,  al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”.  

Abrazarse a un árbol es una de las experiencias más maravillosas que la Naturaleza nos puede ofrecer. Sentir su fuerza,  olvidarnos de todo e intentar escuchar el sonido de la Vida. 







Hacedlo, merece la pena. No lo olvidaréis y a demás… es gratis.

Enlace para leer el discurso de José Saramago:

"THE GIVING TREE", "EL ÁRBOL QUE DA" o "EL ÁRBOL GENEROSO"

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Espero que este información os resulte positiva. El comentario inicial no es mío. Os lo paso tal y como me lo envió  Alicia M. M. :

Cada vez se encuentran con mayor facilidad personas que realizan
proyectos para difundir la conservación y protección de la fauna y
flora, y expresar consternación por los hábitos consumistas que dañan
la frágil red biológica. El arte representa una posibilidad de
diversificar los medios en que el mensaje ecológico se expone y los
ámbitos a los que se dirige. El escritor estadounidense Shel
Silverstein narra e ilustra un cuento llamado “El árbol generoso” que
nos hace pensar en la riqueza natural que nos rodea, capaz de
satisfacer nuestras necesidades, aunque muchas veces no sean más que
caprichos. Quiero compartir ese texto con ustedes:


 Había una vez un árbol que amaba a un pequeño niño. Todos los días el
niño venía y recogía sus hojas para hacerse con ellas una corona y
jugar al rey del bosque. Subía por su tronco, se mecía en sus ramas y
comía sus manzanas. Y ambos jugaban al escondite. Y, cuando estaba
cansado, dormía bajo su sombra. Y el niño amaba al árbol… mucho. Y el
árbol era feliz.


Pero el tiempo pasó. El niño creció. Y el árbol se quedaba a menudo solo. Pero un día, el árbol vio venir a su niño y le dijo: “Ven, Niño, súbete a mi tronco y mécete en mis ramas y come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz”. “Ya soy grande para trepar y jugar,” dijo él. “Yo quiero comprar cosas y divertirme, necesito dinero. ¿Podrías dármelo?” “Lo siento”, dijo el árbol, “pero yo no tengo dinero. Sólo tengo hojas y manzanas. Coge mis manzanas y véndelas en la ciudad. Así tendrás dinero y serás feliz”. Y, así, él se subió al árbol, recogió las manzanas y se las llevó. Y el árbol se sintió feliz.

Arbol anochecer 09

 Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía… y el árbol estaba triste.
 Y entonces, un día, regresó. El árbol se agitó alegremente y le dijo,
“Ven, Niño, súbete a mi tronco, mécete en mis ramas y sé feliz”.
“Estoy muy ocupado para trepar árboles,” dijo él. “Necesito una casa
que me sirva de abrigo. Quiero una esposa y unos niños, y por eso
quiero una casa. ¿Puedes tú dármela?”. “Yo no tengo casa”, dijo el
árbol, “el bosque es mi hogar, pero tú puedes cortar mis ramas y
hacerte una casa. Entonces serás feliz”. Y así él cortó sus ramas y se
las llevó para construir su casa. Y el árbol se sintió feliz.

IMG_0933.jpg Ramas image by Foxtrotfan

 Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía. Y cuando regresó, el
árbol estaba tan feliz que apenas pudo hablar. “Ven, Niño” susurró.
“Ven y juega”. “Estoy muy viejo y triste para jugar”, dijo él, “quiero
un bote que me lleve lejos de aquí. ¿Puedes tú dármelo?”. “Corta mi
tronco y hazte un bote”, dijo el árbol. “Entonces podrás navegar
lejos… y serás feliz”. Y así él cortó el tronco y se hizo un bote y
navegó lejos. Y el árbol se sintió feliz. Pero no realmente. Y después
de mucho tiempo su niño volvió de nuevo. “Lo siento, Niño,” dijo el
árbol, “pero ya no tengo nada para darte. Ya no me quedan manzanas”.
“Mis dientes son muy débiles para comer manzanas”, le contestó. “Ya no
me quedan ramas” dijo el árbol, “tú ya no puedes mecerte en ellas”.
“Estoy muy viejo para columpiarme en las ramas”, respondió él. “Ya no
tengo tronco” dijo el árbol, “tú ya no puedes trepar”. “Estoy muy
cansado para trepar” le contestó. “Lo siento” se lamentó el árbol,
“quisiera poder darte algo… pero ya no me queda nada. Soy sólo un
viejo tocón. Lo siento…”. “Yo no necesito mucho ahora,” contestó él,
“sólo un lugar tranquilo para reposar. Estoy muy cansado”. “Bien”,
dijo el árbol reanimándose, “un viejo tocón es bueno para sentarse y
descansar. Ven, Niño, siéntate. Siéntate y descansa”. Y él se sentó. Y
el árbol fue feliz.

 Una palabra: gratitud. Entender su significado y reencontrarnos con
ella, en una sociedad que piensa que ha pagado por todos los servicios
y que no tiene que agradecer a nadie. Menos a la naturaleza, de quien
toma mucho más de lo necesario. Claro, así sucede cuando algo es
gratis, abusamos. Ojalá reflexionáramos un momento y detuviéramos ese
consumismo ansioso en el que nos anclamos, desgastando nuestro medio y sobre todo reduciendo nuestra capacidad de sentirnos satisfechos con
lo sencillo, sin excesos.

            Resulta importante rescatar cuentos como éste. Debemos
buscar formas que sean nuevas en la emisión de mensajes ecológicos
para así conseguir un mayor impacto y convocar al cambio a un público
más amplio. Te invito a que compartas este cuento y esta reflexión.
Recuerda que en materia ambiental es primordial abordar los temas,
hablar de ellos, nombrarlos, pensarlos. Tal vez así, poco a poco al
conocerlos, comiencen a importarnos.


En este enlace podéis leer más información sobre este libro:


Copio un detalle que me parece importante para ampliar el comentario ya expuesto anteriormente sobre nuestra relación con la Naturaleza:

“La historia sólo usa la palabra “necesito” al final, para describir la necesidad del niño (ahora viejo) de un lugar para descansar; para el resto de sus deseos usa la palabra “quiero”. “

La destrucción del Medio Ambiente, de la Naturaleza en general, por el ser humano, no está justificada en una “necesidad” real sino en un consumismo desolador fruto del egoísmo, del deseo acaparador, del capricho infantil e inmaduro , características propias de nuestra especie.
Una especie, la humana, principal causante de la extinción de miles de especies animales y vegetales  del Planeta.