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Sunday, January 30, 2011

Descifran el genoma del orangután, idéntico al humano en un 97%

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Investigadores españoles de Barcelona y Oviedo han colaborado en la investigación mundial que ha descifrado el genoma íntegro del orangután, un hito científico que permite saber ahora que este primate y los humanos comparten el 97 por ciento de sus genes, lo que les hace "muy diferentes".


http://www.ecoticias.com/naturaleza/41081/Descifran-el-genoma-del-orangutan-identico-al-humano-en-un-97


En declaraciones a Europa Press, el jefe del grupo de Genómica de Primates del Instituto de Biología Evolutiva de la Universitat Pompeu Fabra (UPF-CSIC), Tomàs Marquès, ha explicado que, pese a compartir un porcentaje tan elevado de genes, la comparación de orangutanes y humanos revela que el genoma de ambos "cambia mucho", y eso partiendo de la base que solo se compara aquello que se puede.

   "Muchas cosas no se pueden comparar porque han cambiado demasiado", ha precisado, al mismo tiempo que ha añadido que mientras el genoma de los humanos ha sufrido múltiples alteraciones, el de los orangutanes es "mucho más calmado" y no experimenta las variaciones de otras especies de primates

   La investigación, liderada por el científico de la Washington University Devin Locke, que se ha prolongado durante tres años y ahora publica la revista 'Nature', ha contado con la participación de más de 30 laboratorios de siete países, entre los que se encuentran otros dos grupos españoles.

   En concreto, mientras Marquès ha estudiado las reorganizaciones cromosómicas, el catedrático de Genética de la UPF Arcadi Navarro se ha centrado en la divergencia de intrones, y el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, Carlos López-Otín, ha profundizado en los cambios de las proteasas.

   La investigación completa el estudio del genoma que ya se hizo del chimpancé, en un intento por comprender mejor la evolución humana, y para ello los investigadores han añadido el análisis genómico de una especie "más antigua" como el orangután.

   Marquès, ha señalado que el chimpancé y los humanos comparten el 99% de sus genes porque se separaron evolutivamente hace 6 millones de años, mientras que el orangután y los humanos comparten el 97 por ciento porque se separaron mucho antes, hace 14 millones de años.

OBJETIVO GORILA

   A pesar de todo, Marquès ha reconocido que es imposible saber por qué en algún momento de la evolución cambió la manera de comportarse de los homínidos, y ha apuntado al análisis en marcha del genoma del gorila como vía para buscar nuevas respuestas.

   Evolutivamente el gorila se encuentra a medio camino entre el orangután y el chimpancé, por lo que la observación de cada una de estas "fotografías estáticas" permitirá conocer mejor la evolución humana.

   Además, en el caso de los orangutanes, descifrar el genoma ha servido también para poder mejorar las estrategias de conservación de esta especie, al constatar el estado de salud de los genes de las dos subespecies que existen: la de Sumatra y la de Borneo.

   En la actualidad sobreviven menos orangutanes de Sumatra por la destrucción de su hábitat que de Borneo, aunque su genoma muestra que en el pasado los de Sumatra ocuparon un mayor espacio y tuvieron una expansión mayor, lo que repercute en una mayor diversidad genética.

   Por ello, Marquès ha explicado que en el caso de que se quiera proteger a la especie mediante programas de cría en cautividad, hay que ser consciente de que el orangután de Borneo es más sensible a la consanguinidad, mientras que el de Sumatra tiene más probabilidades de conservar su variabilidad genética.

ECOticias.com – ep

"¿Qué es lo que hace únicos a los seres humanos? ¿Hay algún atributo humano que ningún otro animal posea?... Sostengo que la estupidez es un rasgo único de los seres humanos. ¡Ningún otro ser vivo es estúpido, salvo nosotros!"
Una manera estúpida de vivir* Manfred Max-Neef

Tema relacionado: 
Estupidología

http://noestamalserhumildeporlasdudas.blogspot.com/2009/12/estupidologia.html

Enfermedad social Egoísmo, Egocentrismo, Envidia


E. M. Cioran, el hombre, los animales y la naturaleza



Sunday, January 23, 2011

Animales: CONCIENCIA DE LA MUERTE (Fragmento)

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    El texto que vais a leer a continuación pertenece a ¡Vivan los animales!, escrito por el filósofo español Jesús Mosterín. En el prólogo, el filósofo nos dice: “Todo lo que decimos acerca de los animales vale también para nosotros. Por eso nuestra celebración de los animales es una autocelebración. Y nuestra conciencia animalista es un componente esencial de nuestra propia autoconciencia. […]     Los diez últimos capítulos están dedicados a la denuncia de la crueldad y a la reivindicación de una convivencia armoniosa entre todos los habitantes de este pequeño planeta. Los animales no humanos han sido y siguen siendo maltratados hasta extremos inverosímiles de crueldad, en nombre de un especieísmo mafioso y supersticioso, basado en la ignorancia científica y la irresponsabilidad moral”.

   Procuraré ir compartiendo con vosotros algunos textos del libro con la idea de animaros a su lectura.


Imagen: Perrita en la tumba de su amigo humano

CONCIENCIA DE LA MUERTE

  Que nosotros sepamos, los humanes (humanos) somos los únicos animales conscientes de que la muerte nos aguarda, los únicos que sabemos que vamos a morir. De todos modos, es posible que otros animales también tengan conciencia de la muerte como , por ejemplo, los elefantes.

   Los elefantes reconocen la muerte de sus congéneres. Como señala Cynthia Moss, que ha pasado 30 años observando a una familia de elefantes salvajes en Amboseli (Kenia), “los elefantes… parecen tener algún concepto de la muerte. Es probablemente su característica más extraña. A diferencia de otros animales, los elefantes reconocen sus cadáveres o esqueletos. Aunque no prestan atención a los restos de otras especies, siempre reaccionan ante el cuerpo de un elefante muerto”. Ante el cadáver de un elefante, toda la familia de elefantes se detiene y se pone tensa. Primero acercan sus trompas para olerlo, luego palpan y mueven con cuidado los huesos, sobre todo los del cráneo, como si trataran de identificar al difunto. Otras veces, reconocen al muerto y arrojan tierra y hojas sobre sus restos.

   Cuando un elefante muere, toda la manada se preocupa. Si se trata de una cría, su madre permanece junto al cadáver varios días e incluso trata de transportarla consigo con ayuda de su trompa y sus colmillos. El resto de la manada permanece a su lado o reduce el paso. Cuando se muere un adulto, los otros elefantes tratan de levantarlo y no se separan de él hasta que sus restos entran en putrefacción. A veces velan el cadáver, ahuyentando a los carroñeros, e incluso medio lo entierran con hojarasca. La muerte de la matriarca de la familia causa una general consternación y puede conducir a la disgregación del grupo. Todas estas costumbres de los elefantes facilitan la carnicería de los cazadores y furtivos. Si matan a un individuo de la manada, pueden matar a todos, pues los demás, lejos de huir, tratarán de acompañar al difunto.



Comentario personal sobre el texto: 

   Los que convivimos con animales no humanos y procuramos aprender de ellos, observándoles en su conducta, podemos tener una opinión diferente a lo mencionado en esta frase: “los humanes (humanos) somos los únicos animales conscientes de que la muerte nos aguarda, los únicos que sabemos que vamos a morir”. No sólo los elefantes tienen conciencia de la muerte, los perros, los gatos, y otras criaturas sensibles también. Personalmente he tenido la dura experiencia de ver cómo la vida de mis queridos gatos o perros se acercaba a su fin. Puedo afirmar que, cuando esto ha ocurrido, he percibido que ellos también estaban conscientes de que su vida estaba terminando, con su mirada y sus gestos, me estaban diciendo que iban a morir. Los que hemos presenciado esta despedida no podremos olvidarla nunca. Sus ojos se quedarán clavados en nuestra memoria y en nuestro corazón hasta el fin de nuestros días. 

    En los momentos más dramáticos e importantes en la vida de cualquier individuo (sea humano o no) las palabras sobran. Dicen que quien no comprende una mirada tampoco entenderá una larga explicación. ¿No sabe el toro torturado en una plaza que va a morir? ¿No sabe el cerdo, el cordero, la vaca o el pollo, cuando es dirigido al matadero, que ahí mismo le van a asesinar? Si no es así, ¿por qué pretenden huir? Cuando un animal corre peligro intenta escapar, hasta una mosca lo hace. ¿Esto no es estar consciente de la muerte?

   En la sabiduría popular encontramos el conocimiento que a veces no existe en los libros científicos. Hay una canción española muy antigua titulada “Yo soy esa”, que dice así: “Yo era muchas cosas que ya se han perdido / en los arenales de mi voluntad/ Y ahora soy lo mismo que un perro sin amo, / que ventea el sitio donde va a morír”. Sí, los animales también están conscientes de su muerte,  y, como escribió León Felipe en su poema Escuela, incluso mueren más dignamente que muchos seres humanos: “vi morir a un asno / y vi morir a un capitán... / y el asno murió mejor que el capitán”


   Los científicos sabrán mucho de ciencia, pero a veces saben poco de la vida.




Imagen: Perro que se niega a abandonar el cadáver de su amigo asesinado. 


http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?p=10686791&sid=a9b66234b0e3683d1f6ac8083f86e9e5



Elephants Mourning /

 Elefantes Lloran la Muerte de un Compañero

http://www.youtube.com/watch?v=D_-Tr63MMow




Aquí podéis leer parte del de León Felipe Escuela


En este enlace encontraréis el poema completo:

Wednesday, January 19, 2011

El coste de no escuchar a la naturaleza

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 Un cataclismo ambiental, social y humano se ha abatido en la segunda semana de enero sobre las tres ciudades serranas del Estado de Río de Janeiro, Petrópolis, Teresópolis y Nueva Friburgo, con cientos de muertos, destrucción de regiones enteras y un inconmensurable sufrimiento de quienes perdieron familiares, casas y todos sus haberes. Sus causas más inmediatas han sido las lluvias torrenciales propias del verano, y la configuración geofísica de las montañas, con poca capa de suelo sobre el cual crece una exuberante floresta subtropical, asentada sobre inmensas rocas lisas, que a causa de la infiltración de las aguas y el peso de la vegetación provocan frecuentemente deslizamientos fatales.

Se culpa a las personas que ocuparon las áreas de riesgo, se incrimina a los políticos corruptos que distribuyeron terrenos peligrosos a la gente pobre, se critica al poder público que se mostró indolente y no hizo obras de prevención por no ser visibles y no atraer votos. En todo esto hay mucha verdad, pero la causa principal de esta tragedia avasalladora no reside en eso. 






La causa principal deriva del modo como solemos tratar a la naturaleza. Ella es generosa con nosotros, pues nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir, pero en contrapartida la consideramos como si fuera un objeto del que podemos disponer a capricho, sin sentido de responsabilidad por su preservación y sin que le demos retribución alguna. Al contrario, la tratamos con violencia, la depredamos, arrancando todo lo que podemos de ella para nuestro beneficio. Y encima la convertimos en un inmenso basurero de nuestros desechos. 

Todavía peor aun: no conocemos su naturaleza ni su historia. Somos analfabetos e ignorantes de la historia que se realizó en nuestros lugares a lo largo de millares y millares de años. No nos preocupamos de conocer su flora ni su fauna, las montañas, los ríos, los paisajes, las personas significativas que vivieron ahí, artistas, poetas, gobernantes, sabios y constructores. 






Somos en gran parte todavía deudores del espíritu científico moderno que identifica la realidad con sus aspectos meramente materiales y mecanicistas sin incluir en ella la vida, la conciencia y la comunión íntima con las cosas que los poetas, músicos y artistas nos evocan en sus magníficas obras. El universo y la naturaleza tienen una historia que está siendo contada por las estrellas, por la Tierra, por la afloración y la elevación de las montañas, por los animales, por los bosques y selvas, y por los ríos. Nuestra tarea es saber escuchar e interpretar los mensajes que nos mandan. Los pueblos originarios sabían captar cada movimiento de las nubes, el sentido de los vientos, y sabían cuando venían o no trombas de agua. Chico Mendes con quien participé en largos recorridos por la selva amazónica de Acre sabía interpretar cada ruido de la selva, leer las señales del paso de la onza en las hojas del suelo, y con el oído pegado a la tierra conocer la dirección que llevaba la manada de peligrosos cerdos salvajes. Nosotros hemos olvidado todo eso. Con el recurso de las ciencias leemos la historia inscrita en las capas de cada ser, pero este conocimiento no ha entrado en los currículos escolares ni se ha transformado en cultura general. Antes bien, se ha vuelto técnica para dominar la naturaleza y acumular. 






En el caso de nuestras ciudades serranas es natural que haya lluvias torrenciales en el verano. Siempre pueden ocurrir desmoronamientos de las laderas. Sabemos que ya se ha instalado el calentamiento global que hace estos sucesos más frecuentes y más intensos. Conocemos los valles profundos y los riachuelos que corren por allí. Pero no escuchamos el mensaje que nos envían, que es no construir casas en las laderas, no vivir cerca del río, y preservar celosamente la vegetación de las riberas. El río tiene dos lechos: uno normal, menor, por el cual fluyen las aguas corrientes y otro mayor por donde se vacían las grandes aguas de las lluvias torrenciales. En esta parte no se puede construir ni vivir. 





Estamos pagando un alto precio por nuestro descuido y por la destrucción de la Mata Atlántica que equilibraba el régimen de lluvias. Lo que se impone ahora es escuchar a la naturaleza y hacer obras preventivas que respeten el modo de ser de cada ladera, de cada valle y de cada río. 


Sólo controlamos la naturaleza en la medida en que la obedecemos, sabemos escuchar sus mensajes y leer sus señales. En caso contrario tendremos que contar con tragedias fatales evitables. 
 

Leonardo Boff

Buenas Noticias

“Si nunca lamentaste el carecer de alas para no profanar la naturaleza con tus crueles pasos humanos, entonces nuna has amado esa tierra. (…) Puedes mirar a lo alto todo lo que quieras: no conocerás el estremecimiento de los raros encuentros con esa tierra menospreciada al caminar. (…) El mismo hombre que va de puntillas por las losas de la iglesia, escupe en los jardines…”
 E. Cioran
Brevario de los vencidos

“En cuanto alguien se sale de su marco original […] El hombre nació para vivir con los animales…y se lanzó a una aventura que no es natural, es extraña, con que ya no tiene un marco definitivamente fijado. Pero esta aventura del hombre es anormal, se vuelve necesariamente contra él”.
“…el hombre (…) debería haber vivido una existencia estacionaria, cercana a la animalidad, sin orgullo ni ambición”.

“Las especies animales habrían durado millones de años si el hombre no hubiera acabado con ellas”.

“Creo que el hombre está condenado (…) Si todo va bien, acabará degenerado, impotente: una caricatura de sí mismo, un animal degenerado. Todo lo que el hombre hace se vuelve contra él (…) Esa es la gran ironía de la historia como destino del hombre, que no consiste sino en corromperse”

E. M. Cioran. Publicado en el libro Conversaciones con E. M. Cioran  (editado en español por Tusquets Editores, con traducción de Carlos Manzano)




Monday, January 3, 2011

ESTIGMA

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[…]

–¡Entre ellos que se solucionen sus problemas! –corta la gallina haciendo un gesto despectivo con el ala–. ¡A ver si ahora vamos a tener que lamentarnos también nosotros por sus desdichas! Ellos son los agresores, que hasta los humanos víctimas de sus congéneres nos tienen por objetos, como dice Rita. Llevamos el estigma de “animales” aquí en la cocorota –se da golpecitos en la cabeza–, marcado a fuego. Si eres animal en la Comunidad humana estás perdido, no eres nadie. Basura. Tal vez tengas suerte si eres un perro de raza, pero se trata de excepciones contadas si nos atenemos a las cifras. En cuanto a la consideración que les merecemos, un animal es una mierda en la Comunidad humana. El estigma nos acompaña siempre, desde nuestro nacimiento perfectamente controlado, hasta nuestra muerte perfectamente mecanizada. Toda nuestra vida, la única que tenemos, “perfectamente” explotados día a día, hasta el final. ¿Queréis que os dé cifras de cuántas de mis compañeras perecen desangradas en una sola mañana, colgadas de las patas como si fueran (fuéramos) racimos de uvas, pasadas a cuchillo por operarios que luego van a la huelga para exigir sus derechos sindicales? ¡Hace falta tener poca vergüenza! Ellos tienen potentes organizaciones que defienden sus intereses, sus derechos, hasta los más nimios. Derecho a esto: ¡claro!; derecho a lo de más allá: ¡estupendo!; derecho a tal y cual: ¡cómo no, sólo faltaba! Y eso está bien, conste, yo haría lo mismo, pero… ¿cómo puedes pedir para ti un aumento de sueldo mientras colocas las cuchillas nuevas que rebanarán el gaznate a diez mil seres inocentes? –la gallina pone tal énfasis y pasión en sus palabras que nadie osa interrumpirla–. Yo misma estaba destinada a la cadena, y allí hubiera acabado de no ser porque el camión volcó en una zona solitaria… Tampoco es cuestión de soltaros aquí la chapa, que cada cual tiene su historia y su drama particular. ¡Pero no seré yo quien derrame una sola lágrima por los humanos, pobrecitos, los asesinos! Además, tienen suficientes organizaciones como para defender sus intereses, vuelvo a lo mismo. Que los colectivos que defienden a los animales apenas tienen recursos económicos, casi ni se les da cancha en los medios, y encima tienen que aguantar la matraca de “primero están los humanos”, que a mí eso me enerva si cabe más todavía. O sea, que defienden la idea de que deben prevalecer los derechos del torturador sobre los del torturado, porque es exactamente eso lo que encierra la afirmación. Yo te encierro a ti y a otros diez mil en naves infectas para quedarme contus músculos y hacer un guiso, yo te torturo en las fiestas del pueblo y convierto el espectáculo en arte subvencionado, yo te fusilo y me las doy de guardián del medio natural, yo introduzco espuma de afeitar en tus ojos mientras te mantengo amarrado para que no escapes y voy de salvador de los enfermos, yo te despellejo vivo para robarte tu piel y dejo que mueras en la más terrible de las agonías… Pero cuando tú, animal ultrajado, secuestrado, apaleado hasta la muerte por el capricho más grosero, cuando tú, animal marcado con el estigma de “animal” te quejas por tu condición de ser inferior, por tu papel de paria entre los parias, y me pides responsabilidades a mí, al agresor, al que empuña el arma ante el desarmado, al único responsable de tu inmensa desgracia, entonces sales con lo de que túestás primero. ¡Claro, muy normal! ¡Toda esta puta historia es muy normal, amigos! O sea, primero tú –señala con el dedo a un imaginario ser humano que tuviera enfrente– y después yo. O mejor dicho, siempre tú y nunca yo –la gallina, que había ido elevando su discurso a medida que avanzaba, calla de manera brusca, sabiendo que no necesitará hacer ningún esfuerzo para proseguir. Acierta–. Más o menos es así, ¿no, compañeros? ¿He exagerado? ¿La gallina loca ha exagerado? ¿Se le ha ido la olla a la gallina, pobre, todo el día con los focos encendidos encima, que han acabado afectándole el cerebro? –el ave se señala la sien con la punta del ala y describe círculos con ella. El discurso ha finalizado, todos lo perciben así.
Los aplausos son unánimes, y se acompañan de gritos de ánimo. Algunas caras conjugan emoción y rabia, ciertos ojillos se empapan.
.
[…]

.



Kepa Tamames, el autor de ESTIGMA. 
Kepa, un luchador por los derechos de los animales, digno de todo reconocimiento. 
En esta parte del mundo, en la Península Ibérica, donde la mayoría vive anclada en el pasado más carroñero, más apestoso, con un nauseabundo olor a cadáver... encontramos personas como Kepa, que no están ciegos, sordos, mudos y muertos. 
¡Gracias, Compañero! 

Creo que viene bien compartir con este tema una canción que me encanta y me ayuda a no desanimarme cuando veo tantas injusticias, tanto dolor y sufrimiento gratuito, cuando las fuerzas flaquean...

¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?... YO VENGO A OFRECER MI CORAZÓN...




http://www.youtube.com/watch?v=AAQ9UkuHnko



Yo Vengo Ofrecer Mi Corazón


¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón,
tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan fácil, ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada del amor.
Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.
Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.
¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Sunday, December 26, 2010

¡ HEIL, CAMPOFRÍO !

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Genial artículo de Xavier Bayle


http://www.xavibayle.animanaturalis.org/?m=201012




La primera vez que estuve en el campo de Oświęcim (el nombre polaco de Auschtwitz), prendí una vela y la coloqué sobre la plataforma metálica que daba entrada a los cadaveres al crematorio, había otras velas y consideré un símbolo a la vida hacerlo. Esa boca se había tragado miles de cuerpos, mujeres y niñas, ancianas, místicas y poetisas, asesinas, zapateras, albañiles y mercaderes, sin distingo de sexo o edad pero bajo la condición de haber nacido gitanas, idealistas, homosexuales, judias, ladronas, insurgentes,… y poner una vela, así como rechazar cualquier segregacionismo en mi vida eran un gesto, un mínimo compromiso de lo que podía hacer para que ello no sucediera más. Minutos después mi vela había sido sustituida por otra con la bandera de Israel impresa en la parafina, pretendiendo alguien atribuirse la totalidad del holocausto a la etnia judia y demostrando que las sionistas y muchas habitantes de ese país siguen sin haber entendido NADA de ética ( opinión ratificada por la práctica del nazismo contra Palestina), pero ese es otro tema.
La primera vez que estuve en Auschwitz rompí a llorar al contacto del ladrillo rojo de los barracones, era ese el mismo ladrillo conservado y que hace decenas de años guarda ( si una es perceptiva ) los alaridos, los llantos, los gemidos y la desesperación de las millones de personas que retuvo, cuatro millones de las cuales no sobrevivieron sino que sobremurieron, por ello Birkenau ( Brzezinka ) era un campo “de trabajo” y Auschwitz uno “de exterminio”. Esos muros, esas alambradas, esas torres y esos barracones habían testificado tanta soledad y tristeza, tanta falta de esperanza y de escrúpulos que me veía obligada de algún modo a llorar para lavarle un poco al ser humano ese pecado, ese exceso de humanidad. Luego aprendí que las lágrimas -como las buenas intenciones- no sirven de mucho. A efectos prácticos lamentarse no sirve de nada.
El ladrillo rojo de Auschwitz late hipertenso como un corazón aterrorizado, como los muros de hormigón de las granjas de engorde de animales.
Probablemente abuso de la mención de la masacre cometida por nuestra especie contra sí misma ( ingenuo es pensar que sólamente fueron las nazis quienes la cometieron y la cometen ), para ejemplificar lo que hace nuestra especie con el resto de las animales. En un intento de descargo del dèjá vú, pertinente es ilustrar que aquel genocidio es idéntico al ecocidio llevado a cabo diariamente en mataderos, granjas de cria y engorde, granjas peleteras, laboratorios de vivisección, tiendas de mascotas ( juguetes vivos ), flotas pesqueras y balleneras, domingos de batida, comercios de artículos para cazadoras, o la tiendecita de la esquina junto a las grandes superficies y supermercados. No es descabellado pretender entonces que a la entrada de tales lugares las acólitas debieran saludar coherentes y en lugar de ¡buenos dias!, pasar a perpetrar la fórmula ¡heil, carnicera!, ¡heil, pescatera!, o cualquier otra que se adaptara a las circunstancias. Quien halle esto cómico, decirle que para los peces, para las vacas y cerdos o pollos, así como para millones de personas en el mundo ( cada vez más, afortunadamente ), no es ni de lejos divertido. No es ni de lejos divertido pararse a pensar que existen comercios donde se venden trozos de cadáveres que nos han maleducado a llamar comestibles. Eso lo identificamos mejor si nos imaginamos a nuestras hijas o amigas troceadas sobre el hielo picado de una pescadería, o mutiladas tras el escaparate combado de una carnicería, o si nos imaginamos a bebés colgando de las cananas de las cazadoras.
Por fortuna la ética social emergente ha comenzado a asociar y consecuentemente a dudar, de si es más legítimo degollar a un pollo en Medellín que a una niña gitana en Belgrado, empieza a no escapársenos que la muerte es la misma, y la pérdida también. Sin embargo es quedarse corta comparar el nacionalsocialismo alemán con la industria de la muerte animal, lo primero es un juego de niñas comparado con lo segundo. Las nazis eran más humanitarias que nuestro modelo de sociedad.
Ante la argucia perversa de los métodos “humanitarios” de asesinato ( el cómo no redime al qué ), y de la tendencia social a la “carne ecológica” ( si es carne, ya no es ecológica, como si es vivisección ya no es ciencia ), o al bienestarismo, responder que el zyklon B asfixiaba a las presas en cuestión de segundos, por no hablar de las miles de personas que murieron de un piadoso tiro en la nuca. Perdón por el horror, es necesario recordarlo. Y también había nazis de buen corazón, convencidas de que, ya que no había otro remedio que exterminar a las razas no caucásicas -en lo respectivo a Europa-, al menos hacerlo de modo “humanitario”. Sí, el humanitarismo es muy famoso, lo utiliza el ser humano para matar sin culpa, bien sea una presa condenada, un pollo, una rebelde, un cerdo…
Del sufrimiento en los campos de concentración se enriquecieron empresas como IBM, Siemens, Bayer y tantas otras, así como del sufrimiento de las granjas animales se enriquecen Smithfields en Estados Unidos, primer accionista del ibérico Grupo Campofrio, lider europeo de producción de carroña, con un benefício de varios miles de millones de euros anuales ( quién sino las españolas íbamos a liderar el negocio del crímen, la historia nos avala ). Otras empresas beneficiadas las podemos ver en los supermercados: Nestlé, Danone, Puleva ( con 100 años de impunidad ),… y muchas otras. Como en el Tercer Reich, éxito basado en su vertiente económica, únicamente en ella.
Como en los campos de concentración, en las granjas de cría y engorde trabaja personal no cualificado, frustrado y con un coeficiente intelectual bajo. Además, cuanto más se cumplen estos tres requisitos más probabilidades de enriquecimiento posee el negocio.
La dieta de una presa de Auschwitz, se estimaba entre las 1300 y 1700 calorías diarias ( mucho menos de las 2000 recomendadas, con el añadido de que trabajaban duramente ), porque no importaba que murieran: “material” había de sobras. Directamente opuesto, pero en la misma dirección, las granjas de engorde llevan en el peso la muerte. En los campos nazis morían de falta y en las granjas de exceso, el peso y la dieta diezmaba y diezma a ambas víctimas. Las guardianas de Auschwitz se burlaban de las famélicas llamándolas “musulmanas”, cuando éstas no eran sinó su propio esqueleto recubierto de piel, cuando caminaban somnolientas y apáticas antes de entrar en la fase sin retorno de la muerte por inanición. En el extremo opuesto, los pollos de granja o los toros engordados para la lidia, sufren en sus patas el exceso de peso -obesidad premeditada-, rompiéndoseles en no pocas ocasiones al no poder moverse de la propia saciedad y falta de musculatura. Asimismo ahogados mueren muchos patos en la producción de foiegras. El sobrepeso y el esqueletismo, las disfunciones dietéticas generadas por las nazis de ayer y por las contemporáneas, significan invariablemente muerte.
El Tercer Reich, como las corporaciones “alimentarias” globales, era y son superestructuras basadas en la explotación de especies consideradas inferiores, las mentiras, la masificación de las acciones y la optimización de los resultados, por no hablar de la más absoluta impiedad. El mismo baremo se aplica a los monocultivos ( sean o no de monstruos transgénicos ), a la sistemática pérdida de diversidad ( ecológica de los “desiertos verdes”, o racial de la supremacía blanca ), a la esclavitud y el chantaje así como a la pérdida de la soberanía. También se asemejan en que ambas eran y son sistemas suicidas que hipotecan el futuro ecológico ( finitud del planeta ), ético ( cada agresión genera respuesta ) y racial ( los genes sin intercambiar debilitan las razas ) de la sociedad avanzada, del mismo modo que no es perdurable el nazismo tampoco lo es el sistema “alimentario” actual.
Es simple: ¿ realmente creemos perdurable y justo cualquier sistema basado en la impiedad, el totalitarismo, la fuerza bruta y la depredación?. La cuestión se responde a sí misma.
Tras los acontecimientos sucedidos en Europa durante el delirio hitleriano, algunas de las víctimas que lograron sobrevivir comprendieron y se pasaron a la dieta vegetariana/vegana -por no hablar de la ingente literatura comparativa al respecto-, otras sin embargo, siguieron y siguen mascando cadáveres, lo cual demuestra las inmensas probabilidades de verdugaje que poseen las víctimas, y lo circunstancial en algunos casos del rol asesina-asesinada ( también ampliamente documentado ). Con la salvedad de que los animales no humanos matan por estricta necesidad, por imperiosa pervivencia, y el ser humano mata por placer. El ser humano es el único animal que asesina por placer, incluyendo a seres de su propia especie.
Otras víctimas del nazismo alemán, como he referido al principio de pasada, construyeron un muro vergonzoso en Cisjordania. Pero como digo, ese es otro tema.
Si hablamos de medicina Mengele o Clauberg, al igual que el Illera español, tenían y tienen su propio punto de vista sobre la ciencia, tan personal que resulta anticientífico. Edad Media en el siglo XXI, la historia se repite. Y no en vano el führer a la llegada al poder ordenó clausurar todas las asociaciones vegetarianas de Alemania, aludiendo que fomentaban la paz en la época bélica que preparaba. Vegetarianas y veganas somos o debieramos ser enemigas declaradas de las nazis y de las corporaciones alimentarias por pertenecientes a banda armada.
Cuando en fin veo la imagen de Adolf Hitler siempre lo encuentro ridículo, con ese bigotito esperpéntico y kitsch, ese flequillo infantil, ese aire enfurruñado de niña malcriada… era un espantapájaros y me reiria con gusto de su ridícula apariencia si no fuera porque el neonazismo de la industria alimentaria global, basada en el ecocidio y el genocidio, fueron patrones pergeñados por ese espantapájaros, que se releva en Ronald McDonald´s, en el coronel Sanders de KFC, en los cerditos sonrientes como logos de algunos mataderos, en la trivialidad del mal y de la crueldad bajo el bastión de la cotidianeidad, porque tambien el nazismo se hizo cotidiano en la Alemania nazi.
La crueldad es una característica que nuestra especie posee y que, como las células cancerígenas, se desarrollan o no en función de nuestros hábitos, ambas pueden nutrirse hasta el tumor pero casi siempre dependen de nuestras decisiones personales y colectivas. Con esto incido en que la lucha por la liberación animal ( humana incluída ) no se trata de un enfrentamiento entre un grupo de visionarias contra un sistema educativo y económico nazi, feroz además y subdesarrollado, sino una toma de conciencia a escala global, un modo eficaz de no financiar el sistema nazialimentario, cuya única finalidad son los benefícios, multiplicados por el número de cadáveres; ese sistema depende exclusivamente de nuestro dinero y del dinero estatal ( nuestro dinero ).
El veganismo, como mucho más que una dieta en este caso, supone la renuncia a la traición que aplica la inercia civilizatoria a la “ecolución”, es decir a la evolución del cuerpo ecoético social y a la evolución fisiológica de nuestra especie ( naturalmente vegana ), y al humanismo. El ser humano no avanzará hasta que deje de tratar a la muerte, a cualquier muerte, como aliada, por la sencilla razón de que somos vida y debemos actuar con ella. Hasta las niñas lo entienden, pero al parecer deben aprender desde pequeñas las consignas y a saludar con energía, cada mañana ante la liturgia de un desayuno de finas lonchas de carroña: ¡¡Sieg Heil, Campofrio!!.
Nuestra deuda con la ética crece día a día, el mal cometido debiera ser un bagaje a advertir; curiosamente, en cambio, cuanto más parecemos alejarnos del horror más nos acercamos a él.
Xavier Bayle




Los caníbales prefieren a los que carecen de espina dorsal.
Si un caníbal usa tenedor y cuchillo para comer, ¿es un progreso?
...Tenía la conciencia limpia; no la usaba nunca

Stanislaw Jerzy Lec


http://notesalves.blog.com.es/2010/08/25/stanislaw-jerzy-lec-9246609/


Friday, December 24, 2010

El bienestar es un índice de estupidez y su medida, el dinero a malgastar.

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Acabemos con los gorriones porque se comen el grano, acabemos con las palomas porque ensucian la ciudad, acabemos con las cucarachas y las ratas porque traen enfermedades, acabemos con las nutrias, los delfines y las focas porque se comen NUESTROS peces, acabemos con los jabalíes porque destruyen el maíz, acabemos con los lobos porque matan ovejas, acabemos con los topos porque agujerean los campos, acabemos con los ratones porque roen nuestros libros, acabemos con las polillas porque se comen la ropa, acabemos con las moscas porque molestan, acabemos con los mosquitos porque nos pican, acabemos con los tiburones porque nos dan miedo, acabemos con los tigres porque son un peligro para la gente, acabemos con los ciervos porque hacemos deporte, acabemos con las serpientes porque son animales dañinos, acabemos con las arañas porque son asquerosas, acabemos con las negras porque huelen mal, acabemos con las mujeres porque son todas unas putas, acabemos con las putas porque son escoria, acabemos con las inmigrantes porque nos roban el trabajo, acabemos con las extranjeras porque nos contaminan, acabemos con las mariconas porque pervierten las niñas, acabemos con los estorninos porque son una plaga, acabemos con las pobres porque no cotizan, acabemos con las hierbas porque son malas hierbas, acabemos con el bosque amazónico porque estorba el monocultivo, acabemos con la sabiduría porque interfiere el progreso, acabemos con el vício de pensar, acabemos con la manía de sentir, acabemos con los conejos porque invaden las cosechas, acabemos con los zorros porque se comen los conejos, acabemos con los valles sin embalses, acabemos con las veganas porque aman la vida, acabemos con todos los obstáculos al estado de bienestar, acabemos con quien se resista, acabemos con todas, con todos, con todo. Acabemos con todo.


Xavier Bayle 


http://www.xavibayle.animanaturalis.org/

YA QUISIERAN

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ya quisieran las sucias ser cerdos
las mezquinas ratas ya quisieran ser
ya quisieran las testarudas ser mulas
las putas ya quisieran ser gallinas o zorras
y las bravuconas leonas quisieran ser
y las vagas perros
y las cobardes borregos y las tontas burros o asnos
las perversas serpientes / las vanidosas pavos reales
mucho quisieran las gordas ser vacas o focas
las currantes abejas o las ahorradoras hormigas
las pesadas quisieran ser moscas
pero no llegan ni de lejos
se quedan en mediocres asquerosas / necias o tercas
prostitutas / chulas / perezosas / pusilánimes / imbéciles
malas / presumidas / obesas / esclavas / plastas
no alcanzan
el sublime código genético de los bichos sin degenerar



Xavier Bayle 


http://www.xavibayle.animanaturalis.org/

Tuesday, December 14, 2010

Nietzsche: Naturaleza y animales

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Quien se aleja totalmente de la naturaleza, se aleja también de sí mismo: jamás podrá beber el agua fresquísima que emana de su fuente más íntima.

El caminante y su sombra. Aforismo nº 200

La naturaleza olvidada.— Hablamos de la naturaleza, y al hacerlo nos olvidamos de nosotros mismos, pero nosotros somos también naturaleza. Por lo tanto, la naturaleza es algo totalmente distinto de lo que pensamos cuando hablamos de ella.

El caminante y su sombra. Aforismo nº 327

Nenúfar

Las relaciones con los animales.— Puede seguirse la aparición de lo moral en la forma como nos comportamos con los animales. Cuando no intervienen la utilidad y el daño observamos un sentimiento de total irresponsabilidad: matamos o herimos, por ejemplo, a los insectos, o los dejamos vivir, sin pensar por lo general en ellos. Tenemo unas manos tan rudas, que nuestras caricias a las flores o a los animalitos, son casi siempre mortíferas para ellos, lo que no impide de ningún modo que esto nos produzca placer. Hoy es la fiesta de los animalitos, el día más sofocante del año: mirad como todos hormiguean y se arrastran a nuestro alrededor, y nosotros, sin pretenderlo pero sin evitarlo, aplastamos aquí un gusanillo y allá un pequeño insecto volador. En cuanto los animales nos resultan nocivos, aspiramos a destruirlos por cualquier medio. Y estos medios son con frecuencia muy crueles, sin que sea esta nuestra intención: es la crueldad de la irreflexión. Si, por el contrario, nos resultan útiles, los explotamos, hasta que una razón más sutil nos enseña que podemos beneficiarnos de ciertos animales manteniéndolos y cuidándolos, es decir, domesticándolos. Sólo entonces nace allí una responsabilidad. Se evitan los tratamientos bárbaros a los animales: hay quien se irrita cuando ve que alguien trata mal a una vaca, en plena conformidad con la moral de la comunidad primitiva, que ve en peligro a toda la comunidad en cuanto un individuo comete una falta. Quien observa un delito en la comunidad teme que le sobrevenga a él indirectamente un daño, y cuando vemos maltratar a los animales, tememos por la calidad de la carne, por el cultivo de la tierra, por los medios de comunicación. Además, quien es cruel con los animales suscita la sospecha de que también lo será con los individuos débiles, con los sujetos inferiores e incapaces de vengarse, y se le considera innoble despreciable.

El caminante y su sombra. Aforismo nº 57


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Vanidad del poderoso


Nietzsche y su opinión sobre los perros


     La tiranía del Gran Dictador 



Friday, December 10, 2010

Día Internacional de los Derechos Animales

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Los animales tenemos derecho a la vida,  a una vida en libertad.
Los animales no humanos nunca debieron perder los derechos que la humanidad les ha robado.
Los animales no humanos no son nuestra propiedad. No son nuestros esclavos. 


      En 1879, el filósofo británico Jeremy Bentham, después de que Francia acabara de abolir la esclavitud, expresó en su obra “An Introduction to the Principles of Morals and Legislation” (Introducción a los Principios de la Moral y la Legislación) refiriéndose a los animales: "Puede que llegue el día en que el resto de la creación animal recupere los derechos que nunca le hubieran sido arrebatados salvo por la mano de la tiranía. Los franceses ya han descubierto que la negrura de la piel no es una razón por la que un ser humano pueda ser abandonado sin remisión al capricho de su torturador. Quizá llegue el día en que se reconozca que el número de patas, la vellosidad de la piel, o la terminación de hueso sacro, son razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa debiera trazar el límite insuperable? ¿Acaso la facultad de razonar, o tal vez la facultad del lenguaje? Pero un caballo adulto, o un perro, es, más allá de toda comparación, un animal más racional, y con el que es más posible comunicarse, que un niño de un día, de una semana, o incluso de un mes. Supongamos, sin embargo, que fuese de otra manera, ¿cuál sería la diferencia? La pregunta no es ¿pueden razonar?, ni ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?”. 


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      La tiranía del Gran Dictador




Monday, October 11, 2010

La tiranía del Gran Dictador

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       Los que convivimos con animales y mantenemos una estrecha relación de amistad no necesitamos acudir a ninguna información científica que demuestre que los animales tienen un sistema nervioso similar al nuestro, y que por lo tanto, sienten dolor cuando están heridos o enfermos. Tampoco necesitamos que ningún científico asegure que disfrutan de la vida cuando son felices, y que entristecen ante las adversidades, porque es evidente. Hay quien afirma que no son inteligentes, entendiendo como inteligencia la capacidad de adquirir conocimientos y aplicarlos para resolver determinada situación. Esta opinión es  fruto del desconocimiento interesado sobre la vida animal, ya que al rebajarlos, nosotros nos ensalzamos por encima de ellos, otorgándonos el derecho a utilizarlos como esclavos y arrebatarles la vida sin contemplaciones.

      El ser humano se ha erigido como el Gran Dictador del planeta, disponiendo quién tiene derecho a vivir y quién no, o qué vida es más importante que otra. Como hemos decidido que nosotros somos los únicos que razonamos, les negamos esta capacidad a los que no se pueden defender con nuestras mismas armas. Nos autoproclamamos “humanos”, es decir, solidarios, bondadosos y caritativos, y negamos estas cualidades al resto de los animales, utilizando el término “animal” con desprecio, como un organismo vivo que solo reacciona por impulso. Pero ¿Prueban  nuestros actos que el ser humano es caritativo, solidario y bondadoso? La pobreza, las guerras, la violencia, las injusticias, el desastre medioambiental ¿demuestran que somos tan inteligentes y racionales como creemos?

 

      Resulta curiosa la actitud de algunas personas que necesitan, para cambiar su percepción respecto al trato discriminatorio con los animales, que la ciencia demuestre que son capaces de razonar, de sentir y disfrutar como cualquiera de nosotros. Pero estos individuos ¿necesitan que haya pruebas científicas de todo lo que ellos creen? Millones de personas creen en Dios y le adoran ¿Hay prueba científica de que Dios existe? Muchos de ellos también creen en la Vírgen y la veneran ? ¿Ha probado la ciencia que la Vírgen existe? Otras creen en la inmortalidad del alma ¿Ha probado la ciencia que exista el alma y que ésta sea inmortal? Hay infinidad de creencias que no tienen ninguna base científica pero que, aun así, continúan siendo la guía principal en la vida de millones de personas, incluso muchos han dado su vida por esas creencias y se la han quitado a otros. Entonces ¿por qué no reconocemos el verdadero valor de la vida de los animales? Por orgullo, egoísmo y beneficio propio.

    A menudo, los que defendemos a los animales, somos atacados por ejemplares humanos que nos acusan de poner en el mismo nivel a las personas y al resto de las criaturas. Consideran ofensivo el tiempo que dedicamos a defenderlos, argumentando que “hay temas más importantes”. Llegan al límite de lo absurdo cuando nos requiminan por redactar  un texto donde se condena la tortura y muerte de un toro, tal y como se condena la tortura y muerte de un humano. Estos que se definen como solidarios, bondadosos, caritativos, religiosos y fervorosos creyentes ¿por qué dejan a un lado su supuesta bondad y caridad cuando torturan a un animal en honor a su Dios, la Vírgen o los santos en sus fiestas populares? Si los animales son inferiores y nosotros superiores ¿no debemos usar esa supuesta superioridad para protegerlos y socorrerlos?






















         En 1879, el filósofo británico Jeremy Bentham, después de que Francia acabara de abolir la esclavitud, expresó en su obra “An Introduction to the Principles of Morals and Legislation” (Introducción a los Principios de la Moral y la Legislación) refiriéndose a los animales: "Puede que llegue el día en que el resto de la creación animal recupere los derechos que nunca le hubieran sido arrebatados salvo por la mano de la tiranía. Los franceses ya han descubierto que la negrura de la piel no es una razón por la que un ser humano pueda ser abandonado sin remisión al capricho de su torturador. Quizá llegue el día en que se reconozca que el número de patas, la vellosidad de la piel, o la terminación de hueso sacro, son razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa debiera trazar el límite insuperable? ¿Acaso la facultad de razonar, o tal vez la facultad del lenguaje? Pero un caballo adulto, o un perro, es, más allá de toda comparación, un animal más racional, y con el que es más posible comunicarse, que un niño de un día, de una semana, o incluso de un mes. Supongamos, sin embargo, que fuese de otra manera, ¿cuál sería la diferencia? La pregunta no es ¿pueden razonar?, ni ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?”.

   Sócrates, uno de los más grandes filósofos de la historia, también razonó sobre los peligros del orgullo y la tiranía: “El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir”. Orgullo, tiranía y arrogancia, características propias del  homo sapiens…el Gran Dictador.