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Sunday, January 23, 2011

Animales: CONCIENCIA DE LA MUERTE (Fragmento)

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    El texto que vais a leer a continuación pertenece a ¡Vivan los animales!, escrito por el filósofo español Jesús Mosterín. En el prólogo, el filósofo nos dice: “Todo lo que decimos acerca de los animales vale también para nosotros. Por eso nuestra celebración de los animales es una autocelebración. Y nuestra conciencia animalista es un componente esencial de nuestra propia autoconciencia. […]     Los diez últimos capítulos están dedicados a la denuncia de la crueldad y a la reivindicación de una convivencia armoniosa entre todos los habitantes de este pequeño planeta. Los animales no humanos han sido y siguen siendo maltratados hasta extremos inverosímiles de crueldad, en nombre de un especieísmo mafioso y supersticioso, basado en la ignorancia científica y la irresponsabilidad moral”.

   Procuraré ir compartiendo con vosotros algunos textos del libro con la idea de animaros a su lectura.


Imagen: Perrita en la tumba de su amigo humano

CONCIENCIA DE LA MUERTE

  Que nosotros sepamos, los humanes (humanos) somos los únicos animales conscientes de que la muerte nos aguarda, los únicos que sabemos que vamos a morir. De todos modos, es posible que otros animales también tengan conciencia de la muerte como , por ejemplo, los elefantes.

   Los elefantes reconocen la muerte de sus congéneres. Como señala Cynthia Moss, que ha pasado 30 años observando a una familia de elefantes salvajes en Amboseli (Kenia), “los elefantes… parecen tener algún concepto de la muerte. Es probablemente su característica más extraña. A diferencia de otros animales, los elefantes reconocen sus cadáveres o esqueletos. Aunque no prestan atención a los restos de otras especies, siempre reaccionan ante el cuerpo de un elefante muerto”. Ante el cadáver de un elefante, toda la familia de elefantes se detiene y se pone tensa. Primero acercan sus trompas para olerlo, luego palpan y mueven con cuidado los huesos, sobre todo los del cráneo, como si trataran de identificar al difunto. Otras veces, reconocen al muerto y arrojan tierra y hojas sobre sus restos.

   Cuando un elefante muere, toda la manada se preocupa. Si se trata de una cría, su madre permanece junto al cadáver varios días e incluso trata de transportarla consigo con ayuda de su trompa y sus colmillos. El resto de la manada permanece a su lado o reduce el paso. Cuando se muere un adulto, los otros elefantes tratan de levantarlo y no se separan de él hasta que sus restos entran en putrefacción. A veces velan el cadáver, ahuyentando a los carroñeros, e incluso medio lo entierran con hojarasca. La muerte de la matriarca de la familia causa una general consternación y puede conducir a la disgregación del grupo. Todas estas costumbres de los elefantes facilitan la carnicería de los cazadores y furtivos. Si matan a un individuo de la manada, pueden matar a todos, pues los demás, lejos de huir, tratarán de acompañar al difunto.



Comentario personal sobre el texto: 

   Los que convivimos con animales no humanos y procuramos aprender de ellos, observándoles en su conducta, podemos tener una opinión diferente a lo mencionado en esta frase: “los humanes (humanos) somos los únicos animales conscientes de que la muerte nos aguarda, los únicos que sabemos que vamos a morir”. No sólo los elefantes tienen conciencia de la muerte, los perros, los gatos, y otras criaturas sensibles también. Personalmente he tenido la dura experiencia de ver cómo la vida de mis queridos gatos o perros se acercaba a su fin. Puedo afirmar que, cuando esto ha ocurrido, he percibido que ellos también estaban conscientes de que su vida estaba terminando, con su mirada y sus gestos, me estaban diciendo que iban a morir. Los que hemos presenciado esta despedida no podremos olvidarla nunca. Sus ojos se quedarán clavados en nuestra memoria y en nuestro corazón hasta el fin de nuestros días. 

    En los momentos más dramáticos e importantes en la vida de cualquier individuo (sea humano o no) las palabras sobran. Dicen que quien no comprende una mirada tampoco entenderá una larga explicación. ¿No sabe el toro torturado en una plaza que va a morir? ¿No sabe el cerdo, el cordero, la vaca o el pollo, cuando es dirigido al matadero, que ahí mismo le van a asesinar? Si no es así, ¿por qué pretenden huir? Cuando un animal corre peligro intenta escapar, hasta una mosca lo hace. ¿Esto no es estar consciente de la muerte?

   En la sabiduría popular encontramos el conocimiento que a veces no existe en los libros científicos. Hay una canción española muy antigua titulada “Yo soy esa”, que dice así: “Yo era muchas cosas que ya se han perdido / en los arenales de mi voluntad/ Y ahora soy lo mismo que un perro sin amo, / que ventea el sitio donde va a morír”. Sí, los animales también están conscientes de su muerte,  y, como escribió León Felipe en su poema Escuela, incluso mueren más dignamente que muchos seres humanos: “vi morir a un asno / y vi morir a un capitán... / y el asno murió mejor que el capitán”


   Los científicos sabrán mucho de ciencia, pero a veces saben poco de la vida.




Imagen: Perro que se niega a abandonar el cadáver de su amigo asesinado. 


http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?p=10686791&sid=a9b66234b0e3683d1f6ac8083f86e9e5



Elephants Mourning /

 Elefantes Lloran la Muerte de un Compañero

http://www.youtube.com/watch?v=D_-Tr63MMow




Aquí podéis leer parte del de León Felipe Escuela


En este enlace encontraréis el poema completo:

Tuesday, December 14, 2010

Nietzsche: Naturaleza y animales

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Quien se aleja totalmente de la naturaleza, se aleja también de sí mismo: jamás podrá beber el agua fresquísima que emana de su fuente más íntima.

El caminante y su sombra. Aforismo nº 200

La naturaleza olvidada.— Hablamos de la naturaleza, y al hacerlo nos olvidamos de nosotros mismos, pero nosotros somos también naturaleza. Por lo tanto, la naturaleza es algo totalmente distinto de lo que pensamos cuando hablamos de ella.

El caminante y su sombra. Aforismo nº 327

Nenúfar

Las relaciones con los animales.— Puede seguirse la aparición de lo moral en la forma como nos comportamos con los animales. Cuando no intervienen la utilidad y el daño observamos un sentimiento de total irresponsabilidad: matamos o herimos, por ejemplo, a los insectos, o los dejamos vivir, sin pensar por lo general en ellos. Tenemo unas manos tan rudas, que nuestras caricias a las flores o a los animalitos, son casi siempre mortíferas para ellos, lo que no impide de ningún modo que esto nos produzca placer. Hoy es la fiesta de los animalitos, el día más sofocante del año: mirad como todos hormiguean y se arrastran a nuestro alrededor, y nosotros, sin pretenderlo pero sin evitarlo, aplastamos aquí un gusanillo y allá un pequeño insecto volador. En cuanto los animales nos resultan nocivos, aspiramos a destruirlos por cualquier medio. Y estos medios son con frecuencia muy crueles, sin que sea esta nuestra intención: es la crueldad de la irreflexión. Si, por el contrario, nos resultan útiles, los explotamos, hasta que una razón más sutil nos enseña que podemos beneficiarnos de ciertos animales manteniéndolos y cuidándolos, es decir, domesticándolos. Sólo entonces nace allí una responsabilidad. Se evitan los tratamientos bárbaros a los animales: hay quien se irrita cuando ve que alguien trata mal a una vaca, en plena conformidad con la moral de la comunidad primitiva, que ve en peligro a toda la comunidad en cuanto un individuo comete una falta. Quien observa un delito en la comunidad teme que le sobrevenga a él indirectamente un daño, y cuando vemos maltratar a los animales, tememos por la calidad de la carne, por el cultivo de la tierra, por los medios de comunicación. Además, quien es cruel con los animales suscita la sospecha de que también lo será con los individuos débiles, con los sujetos inferiores e incapaces de vengarse, y se le considera innoble despreciable.

El caminante y su sombra. Aforismo nº 57


Temas relacionados:

Vanidad del poderoso


Nietzsche y su opinión sobre los perros


     La tiranía del Gran Dictador 



Sunday, December 5, 2010

Máscara y rostro de un torturador

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En "El Aguafiestas" , biografía de Mario Benedetti escrita por Mario Paoletti, he encontrado algunas menciones sobre el papel del torturador en la obra del escritor y poeta uruguayo. Por supuesto, Benedetti escribió en diversas ocasiones sobre los rasgos personales de estos individuos,  pero ahora me gustaría mencionar  estas notas que me han resultado interesantes enfocándolas en nuestra “ingenuidad o ignorancia” que nos impiden reconocer al torturador que convive con nosotros en nuestra sociedad, que puede ser nuestro vecino, un pariente, alguien que, mientras las circunstancias lo permiten, lleva puesta una máscara que oculta su verdadera personalidad. Quizá por el miedo al peso de la ley no se atreve a dar rienda suelta a sus bajos instintos asesinos, pero cuando las leyes cambian y la tortura puede ser legal, aparece su verdadero rostro, sin máscara engañosa.


 

Apuntes de “El Aguafiestas”:


   “En el cuento “La vecina orilla” (de su obra “Con y sin nostalgia”) Dionisio, el compañero de una militante torturada, comenta: “ ¿No te parece imperdonable que sólo hayamos calculado nuestra victoria y jamás nuestra derrota? Ésa es la prueba de que estábamos inmaduros. Pensábamos que el enemigo era un caballero conservador y resultó ser una bestia asesina”.
   Dionisio exagera: nadie había pensado que el enemigo era un caballero conservador. Pero es cierto, en cambio, que la ferocidad de la represión (en Uruguay, como en cualquier otro conflicto armado) tomó a todos por sorpresa. ¿Ingenuidad o ignorancia? Porque la tortura no era algo nuevo y desconocido. Si hasta se la podía ver en cualquier película. Pero los torturadores de las películas tenían uniforme nazi, ojos japoneses o acento de bajo fondo norteamericano, mientras que estos torturadores de ahora, en cambio, son uruguayos como vos y como yo, viven en nuestro mismo barrio, llevan a sus hijos a las mismas escuelas que nosotros llevamos a los nuetros, son hinchas de Nacional o de Peñarol igual que nosotros, su mujer va a la misma peliquería que la mía y hasta algunos de ellos están casados con algunos de los míos o de los tuyos. Mario descubre que tiene una incapacidad biológica para entender cualquier forma de crueldad. ¿Qué clase de hombre hay que ser, se pregunta una y otra vez, para violar a una parturienta, para picanear a un niño frente a su padre, para mantener a un preso, mutilado y hambriento, en una celda inundada? Son reflexiones antiguas y amarguras viejas”.
  

   En “Pedro y el Capitán”, obra de teatro escrita por Benedetti,  el escritor uruguayo pretende indagar en las motivaciones psicológicas de un profesional de la tortura. “La obra —dice Mario en el prólogo de la edición española— no es el enfrentamiento de un monstruo y un santo, sino de dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas de vulnerabilidad y de resistencia. La distancia entre uno y otro es, sobre todo, ideológica, y es ahí donde está la clave para otras diferencias que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ente el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la poca o mucha capacidad de sacrificio, la brecha entre la traición y lealtad”. En el transcurso del diálogo, el Capitán ( torturador) le explica a Pedro
 ( torturado) cómo fue entrenado para torturar: “me enseñaron con breves y soportables torturitas que sufrí en carne propia, dónde residen los puntos sensibles del cuerpo humano. Pero antes me enseñaron a torturar perros y gatos. Antes, antes. Siempre hay un antes”.

 
Hasta aquí las notas de “El Aguafiestas”

Sí, nos guste o no, nos cueste o no aceptarlo (o digerirlo), dentro de nuestra sociedad hay enmascarados que pueden pasar por ciudadanos honrados, incluso simpáticos, pero, como diría Machado, “esconden un alma fea”.  Algunos de estos individuos, al igual que el personaje torturador de “Pedro y el Capitán”, antes de practicar sus salvajadas con otros congéneres han torturado animales indefensos con toda impunidad (como ocurre en España, donde el maltrato, tortura y asesinato de animales sale gratis, incluso se considera un “arte”). “La distancia entre uno y otro (entre torturador y torturado, o entre quienes torturan a una criatura indefensa —no humana—  y los que luchamos por defender a las víctimas para que estas prácticas estén castigadas por ley) es, sobre todo, ideológica, y es ahí donde está la clave para otras diferencias que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ente el dolor humano (o animal no humano)”.

Como diría Benedetti  en uno de sus poemas, quizá la dificultad esté en dilucidar “qué es máscara y qué es rostro”. No cabe duda de que lo que nos puede ayudar a ver lo que se esconde detrás de esa máscara es quitarnos el velo de la ingenuidad, dejando atrás la ignorancia y caminar por la vida con los ojos bien abiertos.



Torturador y espejo



Mírate
así              
qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia
qué paliza paterna te generó cobarde              
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado

no escapes a tus ojos              
mírate
así

dónde están las walkirias que no pudiste
la primera marmita de tus sañas              

te metiste en crueldades de once varas
y ahora el odio te sigue como un buitre              

no escapes a tus ojos
mírate
así

aunque nadie te mate              
sos cadáver

aunque nadie te pudra
estás podrido

dios te ampare              
o mejor
dios te reviente.

 Mario Benedetti 

Tuesday, November 16, 2010

El ser humano ¿salvaje o civilizado?

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Paso a compartir con vosotros unas reflexiones del libro Pregúntale a Platón, escrito por Lou Marinoff, sobre la violencia o el salvajismo que pueden aflorar en determinadas circunstancias en nuestra sociedad. Por supuesto, aquí se exponen conclusiones sobre el hombre como especie, como colectivo, no como individuos. Por suerte, no todos nos sentimos identificados con estas actitudes…


La epidemia actual de violencia juvenil la anticipó William Golding en la novela El señor de las moscas, en la que un grupo de jóvenes escolares ingleses, supuestamente bien educados, y de buena familia, naufraga y acaba en una isla tropical. Sin la supervisión de los adultos —y la disciplina, el amor y la estructura social— degenerarán rápidamente en una tribu de salvajes asesinos.

Golding reafirma las ideas de Hobbes y Freud: la civilización no es más que un fino barniz sobre el estado animal de la naturaleza humana. Si se elimina este barniz, o se permite que se desgaste por el abandono, lo que queda al descubierto es un animal egocéntrico y rapaz, que matará a los de su propia especie que miren hacia el lado equivocado o no compartan sus creencias.

Cuando El señor de las moscas se adaptó para la pantalla grande en 1963, el director Peter Brook pensó que tendría dificultades para que los actores jóvenes dejaran de lado su educación, olvidaran sus modales en la mesa, y se comportaran como salvajes. No tenía por qué haberse preocupado: necesitaron muy pocas instrucciones o ánimos. Posteriormente el director escribió: “La experiencia me demostró que la única falsedad de la fábula de Golding es la duración del descenso hacia el salvajismo […] la catástrofe absoluta podría producirse en un fin de semana largo”.

 La epidemia actual de violencia juvenil la anticipó William Golding en la novela El señor de las moscas, en la que un grupo de jóvenes escolares ingleses, supuestamente bien educados, y de buena familia, naufraga y acaba en una isla tropical. Sin la supervisión de los adultos —y la disciplina, el amor y la estructura social— degenerarán rápidamente en una tribu de salvajes asesinos.

Golding reafirma las ideas de Hobbes y Freud: la civilización no es más que un fino barniz sobre el estado animal de la naturaleza humana. Si se elimina este barniz, o se permite que se desgaste por el abandono, lo que queda al descubierto es un animal egocéntrico y rapaz, que matará a los de su propia especie que miren hacia el lado equivocado o no compartan sus creencias.

Cuando El señor de las moscas se adaptó para la pantalla grande en 1963, el director Peter Brook pensó que tendría dificultades para que los actores jóvenes dejaran de lado su educación, olvidaran sus modales en la mesa, y se comportaran como salvajes. No tenía por qué haberse preocupado: necesitaron muy pocas instrucciones o ánimos. Posteriormente el director escribió: “La experiencia me demostró que la única falsedad de la fábula de Golding es la duración del descenso hacia el salvajismo […] la catástrofe absoluta podría producirse en un fin de semana largo”.

 

Hasta aquí el texto copiado del libro.
Este estudio me ha hecho recordar la novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera. Los que la hayáis leído comprenderéis el por qué de esta relación.


Quizá os interese ver este vídeo sobre la agrasividad:

http://www.youtube.com/watch?v=GbBMnwzZoY8


Thursday, November 4, 2010

Sacar fuerzas de flaqueza

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Itzhak Perlam, nacido en Tel Aviv en 1945, está considerado uno de los mejores violinistas del siglo XX. A los cuatro años contrajo poliomelitis (una enfermedad que afecta al sistema nervioso central y causa parálisis) , lo que le obligó a usar muletas para caminar.
Me gustaría que leyeseis lo que le ocurrió a Perlman mientras tocaba el violín en un concierto en el Lincoln Center de Nueva York y cómo supo salir de una situación angustiosa. A continuación os pongo el enlace de un vídeo donde se puede ver a este hombre sonriente tocando maravillosamente el violín en un recital con una obra de Sarasate (uno de mis compositores españoles preferidos), dando una verdadera lección de valor y sabiduría ante la vida a pesar de sus impedimentos físicos.



Perlman



El caso de Yitzhak Perlman: sin cuerdas
El siempre brillante violinista Yitzhak Perlman ejemplificó lo extraordinario en un recital inolvidable en el Lincoln Center de Nueva York. Al principio de una obra orquestal en la que él era el solista, se le rompió una cuerda. Todo el mundo oyó que se partía, y la orquesta dejó de tocar. Normalmente, un músico habría cambiado la cuerda. Se habría producido un comprensible retraso. En el caso de Perlman, la espera habría sido más prolongada. Víctima de una polio en su infancia, camina despacio y con esfuerzo —aunque de modo majestuoso—, con muletas y aparatos ortopédicos en las piernas. Deja las muletas en el suelo y se quita los aparatos ortopédicos antes de empezar a tocar. Habría tenido que volvérselos a poner y haber abandonado el escenario, y vuelto a salir después de efectuado el cambio.
En lugar de eso, hizo algo inimaginable. Se quedó donde estaba, con el instrumento imperfecto, y asintió con la cabeza hacia el director para que volviera a empezar la pieza. Jack Rimer, un periodista del Houston Chronicle que se encontraba entre el público, escribió después: “Y tocó con tanta pasión, tanto poderío y tanta pureza como no se había escuchado antes. Por supuesto, cualquiera sabe que es imposible interpretar una obra sinfónica con sólo tres cuerdas. Yo lo sé y usted también, pero esa noche Yitzhak Perlman se negó a saberlo […] Cuando terminó, se produjo un silencio impresionante en la sala. Y, acto seguido, la gente se levantó y lo aclamó. Hubo una salva extraordinaria de aplausos desde todos los rincones del auditorio. Estábamos todos en pie, gritando y vitoreando, haciendo todo lo que podíamos para demostrar lo mucho que habíamos valorado lo que había hecho”.
Entoces Perlman dijo algo profundamente filosófico al público, y tan inolvidable como su interpretación: “A veces, corresponde al artista averiguar cuánta música se puede seguir tocando con lo que le queda, ¿saben?”
Y aunque usted sea como la mayoría de nosotros, que no somos músicos ni deportistas deportistas de talla mundial, la enseñanza de Perlman se puede seguir aplicando. ¿A qué? A nuestra vida misma. Vivir bien es también una forma de arte y exige un mayor dominio que el de la música y los deportes. Ésa es la gran lección que Jack Reimer y muchos más aprendieron en ese recital. Según palabras de Reimer: “Así que tal vez nuestra tarea en este mundo inestable, desconcertante y tan cambiante en el que vivimos sea tocar música, al principio con todo lo que tenemos y, después, cuando eso ya no es posible, tocar música con lo que nos queda”.
Citas de libro Pregúntale a Platón
del profesor de filosofía Lou Marinoff
Vídeo de Perlman ( este vídeo no me permite insertarlo para compartirlo con vosotros, tendréis que ir al enlace)
http://www.youtube.com/watch?v=wEmbFSiJzEQ
Este es otro tema también de Sarasate (una maravilla, no dejéis de escucharlo)





Aquí le podéis ver con una alumna

Sunday, October 10, 2010

EL HOMBRE MÁS PODEROSO DEL MUNDO ES EL QUE ESTÁ MÁS SOLO

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Quiero compartir con vosotros algunas frases del libro Pregúntale a Platón del profesor de filosofía Lou Marinoff, en las que reflexiona sobre LA IDENTIDAD INDIVIDUAL FRENTE A LA IDENTIDAD DE GRUPO y la necesidad de fortalecer nuestra individualidad, escapando del etiquetamiento colectivo y la ceguera voluntaria. El ir contra corriente, el no dejarse guiar como una marioneta por los poderes establecidos puede acarrear, en la mayoría de las ocasiones, el ser tildado como “enemigo” de la sociedad. Este fue el precio que pagó el principal protagonista de la obra de Henrik Ibsen UN ENEMIGO DEL PUEBLO, del que citaré algunas frases al final del texto. El filósofo español José Ortega y Gasset también advirtió sobre este peligro en su obra La rebelión de las masas: “ La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado ”.


LA IDENTIDAD INDIVIDUAL FRENTE A LA IDENTIDAD DE GRUPO

La esencia del conflicto entre grupos parte de la renuncia a la identidad individual, el pensamiento y la expresión propias, por la identificación con el grupo. […] Cuando se cambia la identidad individual por la identidad del grupo también se cambia una parte de la libertad de pensamiento y acción por otra de sumisión al colectivo, que exige uniformidad de creencias y conformidad de actos. Arthur Koestler llamó a este fenómeno “identificaciónn autotrascendente” y escribió que “los males de la sociedad no están causados por la agresividad de los individuos, sino por su identificación autotrascendente con los grupos […]
la corriente delirante que atraviesa la historia no se debe a formas individuales de locura, sino a los delirios colectivos generados por un sistema de creencias basado en emociones”.
El beneficio inmediato es la seguridad: el grupo da la bienvenida al individuo, le evita la problemática búsqueda de uno mismo al ofrecerle una identificación cómoda, y apela al instinto de pertenencia. El grupo hace que el individuo se sienta querido.
[…] Si se pregunta, al azar, a gente de la calle “¿Tú qué eres?”, estoy seguro de que la mayor parte identificará su identidad con algún grupo: “Soy médico” o “Soy cristiano” […] o “Soy feminista”…Muy pocos ofrecerán de improviso una respuesta más ilustrada, del tipo “Soy un ser humano único”.
En cambio, si fuéramos capaces de contestar de esta forma con honestidad, de aceptar nuestra propia individualidad única y el pleno significado de nuestras identidad personal, podríamos acercarnos a los demás sin conflictos. El reto de cada uno de nosotros es en última instancia poder estar solos, sin miedo y felices de ser exactamente lo que somos. […] La cumbre del éxito del ser humano se alcanza cuando uno encuentra su identidad como ser único, y no cuando uno la pierde en una identificación autotrascendente con un grupo. Hay que ser uno mismo y parte de la humanidad. Entonces nadie nos podrá convencer o coaccionar para que nuestros pensamientos y nuestros actos sean violentos hacia los demás, basándonos en meras diferencias en la apariencia o en las creencias. Encontrar la propia humanidad independiente de una identificación con un colectivo permite encontrar en los demás, y, al mismo tiempo, ser reconocido.




Hasta aquí el texto copiado del libro Pregúntale a Platón
La frase “ El reto de cada uno de nosotros es en última instancia poder estar solos, sin miedo y felices de ser exactamente lo que somos”, me ha recordado algo que expresó E. M. Cioran y que está publicado en el libro Conversaciones (una recopilación de entrevistas realizadas al escritor rumano, publicadas por Tusquets Editores). En su conversación con Luis Jorge Jalfen, Ciorán expresa su idea sobre el miedo a la soledad:
“La catástrofe, para el hombre, se debe a que no puede quedarse solo. No hay ni una persona que pueda estar sola consigo misma. Actualmente, todos los que deberían vivir consigo mismo se apresuran a encender la televisión o la radio. Creo que, si un Gobierno suprimiera la televisión, los hombres se matarían entre sí en la calle, porque el silencio les aterra. En un pasado lejano, la gente se mantenía mucho más en contacto consigo misma, durante días y meses, pero ahora ya no es posible”.
Arthur Schopenhauer dijo:
"Toda sociedad exige, necesariamente, un acomodamiento recíproco, un temperamento; así cuanto más numerosa es, más insípida se hace. No se puede ser verdaderamente uno mismo, sino mientras está uno sólo; por consiguiente, quien no ama la soledad, no ama la libertad, porque no es uno libre sino estando solo" schopenhauer-web.org/citas.html
“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad”
EL HOMBRE MÁS PODEROSO DEL MUNDO ES EL QUE ESTÁ MÁS SOLO
Uno de mis libros favoritos es Un enemigo del pueblo del dramaturgo y poeta noruego Henrik Ibsen. En él, el protagonista principal, el doctor Doctor Sotckman se enfrenta a una sociedad ciega, manipulada y corrupta, una sociedad que le considera “enemigo del pueblo” precisamente por luchar en solitario por el bien colectivo. Los componentes de esa sociedad prefieren la ceguera voluntaria y cómoda que le proporciona beneficios a corto plazo, pero destructivos, en lugar de realizar cambios que produzcan ganancias a largo plazo, pero duraderos. En su defensa ante el pueblo acusador, y como respuesta a la afirmación del director del periódico local (el señor Hovstad) afirmando que “La mayoría siempre tiene la razón”, el Doctor Sotckman contesta: “ No; la mayoría no tiene la razón nunca. Esa es la mayor mentira social que se ha dicho. Todo ciudadano libre debe protestar contra ella. ¿Quiénes suponen la mayoría en el sufragio? ¿Los estúpidos o los inteligentes? Espero que ustedes me concederán que los estúpidos están en todas partes , formando la mayoría aplastante. (Escándalo y gritos) ¡Ahogad mis palabras con vuestro vocerío! No sabéis contestarme de otra manera. Oíd: La mayoría tiene la fuerza , pero no tiene la razón”. Al final de la obra, Sotckman afirma: “Me aventuro a decir que soy uno de los hombres más poderosos del mundo. El hombre más poderoso del mundo es el que está más solo”.


Wednesday, December 2, 2009

Estupidología

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"¿Qué es lo que hace únicos a los seres humanos? ¿Hay algún atributo humano que ningún otro animal posea?... Sostengo que la estupidez es un rasgo único de los seres humanos. ¡Ningún otro ser vivo es estúpido, salvo nosotros!"


Max-Neef se inclina por un escenario optimista para el futuro: una sociedad en la que se comparta y reine la solidaridad y la igualdad. Para él, pueden ayudar los pequeños pasos de los «economistas descalzos», acciones solidarias entre los pobres y la resistencia desde abajo contra la máquina modernizadora descontrolada, el regreso a lo pequeño, el compromiso alternativo y una relación respetuosa con el ser humano, los animales y la naturaleza.
Max-Neef se mueve hoy en áreas que ya antes de él demarcaron Sócrates, los Evangelios y Francisco de Asís. Sin duda, se transforma en un profeta, pero no de los que anuncia desgracias, sino de aquéllos que, a pesar de todo, permanecen optimistas y ofrecen orientación. ¿Qué hacer?


"Desde niño me ha preocupado lo que considero una cuestión importante: "¿Qué es lo que hace únicos a los seres humanos? ¿Hay algún atributo humano que ningún otro animal posea?" La primera respuesta recibida fue que los seres humanos tenemos alma, y los animales no. Esto me sonó extraño y doloroso, porque amaba y amo a los animales. Además, si Dios era tan justo y generoso hecho que yo todavía creía firmemente en esos días no hubiera hecho semejante discriminación. 0 sea, que no me convencí.





Ya era un estudiante universitario y había casi decidido rendirme, cuando mencioné a mi padre mi frustración. Simplemente me miró y dijo: "¿Por qué no intentas por el lado de la estupidez?". Aunque al principio me sentí impactado, los años pasaron, y me gustaría anunciar, a menos que alguien más pueda reclamar una precedencia legítima, que estoy muy orgulloso de ser probablemente el fundador de una nueva e importante disciplina: la Estupidología. Sostengo, por lo tanto, que la estupidez es un rasgo único de los seres humanos. ¡Ningún otro ser vivo es estúpido, salvo nosotros!"

Una manera estúpida de vivir* Manfred Max-Neef
[1932- ]Economista chileno. Premio Nobel Alternativo 1983

http://www.salmonjacket.com/local_access/max-neef-v1/

http://www.ecoportal.net/noti02/n515.htm

http://www.inwent.org/E+Z/1997-2002/ds202-10.htm



Comentario personal:

Me gustaría añadir otras “peculiaridades” propias  de nuestra especie:

La ingratitud, la voracidad, la soberbia, la vanidad, la arrogancia, la crueldad, la explotación del más débil,… y un largo etcétera que nos hace asquerósamente únicos.
El día que la especia humana deje de existir, el resto de los animales que hayan sobrevivido a nuestra meticulosa destrucción harán una gran fiesta, estoy segura.

 Temas relacionados: 

Enfermedad social Egoísmo, Egocentrismo, Envidia




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